Fantástica variedad de vinos y espumosos, llegaron súper rápido y perfectamente embalados. Recomiendo al 100%.
Aitor Zapata
Un vino serio, con el carácter de su terruño.
26,80 €0,75 l.
/ bot. 0,75 l · IVA incl.6 disponibles
Nariz muy perfumada y limpia, con fruta roja y negra (frambuesa, ciruela), notas de monte bajo y un fondo especiado/terroso muy fino. En boca, es medio de cuerpo pero con estructura, tanino muy elegante y una sensación de frescura sorprendente para la añada, con la madera totalmente integrada y un final largo, sápido y de trago serio.
Va perfecto con platos de intensidad media-alta: cordero asado, ternera a la brasa, carrilleras, estofados de setas, pimientos asados y cocina de caza menor. También se lleva muy bien con embutidos curados y quesos de media curación: tiene fruta y estructura, pero sin pesadez.
Lanzaga 2021 es el tinto de Lanciego (Rioja Alavesa), elaborado con una mezcla tradicional de Tempranillo, Garnacha y Graciano (en 2021, con un peso especialmente alto de Garnacha y Graciano y un 55% Tempranillo). Las uvas proceden de viñedos propios trabajados en ecológico y en vaso, situados aproximadamente a entre 450 y 650 m de altitud, sobre dos grandes tipos de suelos continentales del Terciario: areniscas someras calizas y pedregosas, y margas algo más profundas de ladera. La vendimia es manual con selección y transporte en cajas, y la fermentación se realiza con levaduras autóctonas en cubas de cemento. Después, el vino se cría 14 meses en una combinación de foudres de 1500 a 2500 litros y barricas de 225 litros de roble francés, buscando más finura e integración que huella de madera.
Ecológico. 95 puntos Robert Parker. 95 puntos James Suckling. 93 puntos Atkin. 93 puntos Guía Peñín.
Bodega Lanzaga es el proyecto en Rioja Alavesa de Telmo Rodríguez y Pablo Eguzkiza, que en 1998 deciden volver a Rioja con una mirada distinta: en lugar de perseguir un estilo homogéneo, se instalan en Lanciego y comienzan a recuperar pequeñas parcelas (muchas de viñedo viejo) para reconstruir el sabor auténtico del pueblo y reivindicar una Rioja más ligada a los parajes y a la identidad local que a la simple crianza en roble. Con los años, han ido configurando un modelo deliberadamente humano -hoy se habla de unas 15 hectáreas- inspirado en cómo imaginan que podía ser la Rioja del siglo XVIII, con viticultura en vaso, enfoque ecológico y una filosofía de mínima intervención que busca «embotellar el gusto del pueblo» y ayudar a entender el valor real de Rioja a través de sus pueblos y sus viñas.
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Así de fácil.