Aylés 3 de TresMil 2021 Ecológico

Un final de boca muy elegante y aterciopelado caracterizan a este magnífico Vino de Pago.

29,00 €0,75 l.

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Ficha técnica del vino

Tipo de vino
Tinto
Variedad de Uva
Garnacha - Merlot - Cabernet Sauvignon
Añada
2021
Volumen
0,75 l.
Alcohol
14 %
D.O.
D.O.P. Aylés

Contiene sulfitos

Notas de cata

Color cereza muy cubierto. Aromas de fruta negra madura, cacao, tabaco y especias. En boca, es denso, elegante, con taninos maduros y final persistente.

Maridaje

Carnes de caza, guisos de larga cocción, quesos curados y jamón ibérico.

Viticultura y vinificación

3 de TresMil 2021 nace de tres hectáreas seleccionadas del pago (de ahí su nombre), con diversidad de suelos y microclimas en suelos arcillosos y calcáreos con perfil mineral, con viñedos con bajo rendimiento intencionado. Es un coupage de Garnacha, Merlot y Cabernet Sauvignon, vinificadas por separado en pequeños depósitos abiertos, con maceración prefermentativa en frío y fermentación a temperatura controlada con trabajo de extracción (remontados y délestages). Después, realiza la fermentación maloláctica en barrica y completa una crianza mínima de 12 meses en barricas de roble francés (y algo de roble americano) antes del afinado aromático final en botella.

Certificaciones, puntuaciones y premios

92 puntos James Suckling. 92 puntos Guía Peñín. 94 puntos Tim Atkin.

Origen y tradición

Pago de Aylés es el único Vino de Pago de Aragón, una figura singular dentro del sistema español pensada para fincas concretas con normas más estrictas y personalidad propia (en todo el país hay apenas una veintena de pagos). Su origen está íntimamente ligado a la histórica Finca Aylés, documentada desde la Edad Media. El proyecto moderno arranca con la familia Ramón Reula en la década de 1980, cuando emprenden la reunificación de distintas propiedades que habían pertenecido a la finca original, hasta recomponer un conjunto de más de 3200 hectáreas, convirtiéndola en una de las mayores extensiones de Aragón. La zona ya aparece en documentos del siglo XII, cuando Alfonso II cedió estos terrenos a monjes cistercienses, considerados los primeros vendimiadores del paraje. Cinco siglos después, las tierras dejaron de estar en manos del clero, pero la vocación vitícola del lugar quedó marcada desde entonces.