Unexpected Chardonnay 2024

Un blanco ecológico con potencial de guarda que es ejemplo de modernidad en la elaboración de blancos.

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Ficha técnica del vino

Tipo de vino
Blanco
Variedad de Uva
100% Chardonnay
Añada
2024
Volumen
0,75 l.
Alcohol
12,5 %
D.O.
D.O.P. Aylés

Contiene sulfitos

Notas de cata

Color amarillo pálido y brillante. Aromas de flores blancas, pera madura, cítricos, clavo y tomillo. Boca fresca, elegante, suave textura, buena acidez.

Maridaje

Aves, pescados grasos, mariscos, quesos suaves.

Viticultura y vinificación

Unexpected Chardonnay 2024 es un monovarietal 100% Chardonnay que nace de un viñedo trabajado en ecológico, sostenible y órgánico, situado a unos 650 m de altitud en un microclima continental mediterráneo, con grandes saltos térmicos entre día y noche. Predominan los suelos arcilloso-calcáreos con buena capacidad de retención de agua, y se aplica gestión del toldo (canopia) y de la cubierta vegetal, además de vendimia nocturna para preservar frescura. En bodega, se realiza maceración prefermentativa en frío y fermentación a temperatura controlada con levaduras indígenas, crianza en sus lías durante varios meses, terminando con clarificación y estabilización antes del embotellado. Este vino tiene potencial de guarda.

Certificaciones, puntuaciones y premios

Ecológico. 92 puntos James Suckling.

Origen y tradición

Pago de Aylés es el único Vino de Pago de Aragón, una figura singular dentro del sistema español pensada para fincas concretas con normas más estrictas y personalidad propia (en todo el país hay apenas una veintena de pagos). Su origen está íntimamente ligado a la histórica Finca Aylés, documentada desde la Edad Media. El proyecto moderno arranca con la familia Ramón Reula en la década de 1980, cuando emprenden la reunificación de distintas propiedades que habían pertenecido a la finca original, hasta recomponer un conjunto de más de 3200 hectáreas, convirtiéndola en una de las mayores extensiones de Aragón. La zona ya aparece en documentos del siglo XII, cuando Alfonso II cedió estos terrenos a monjes cistercienses, considerados los primeros vendimiadores del paraje. Cinco siglos después, las tierras dejaron de estar en manos del clero, pero la vocación vitícola del lugar quedó marcada desde entonces.