Aylés Unexpected Garnacha 2024 Ecológico

Un monovarietal de Garnacha ecológico y apto para veganos.

7,45 €0,75 l.

/ bot. 0,75 l · IVA incl.

35 disponibles

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Ficha técnica del vino

Tipo de vino
Tinto
Variedad de Uva
100% Garnacha
Añada
2024
Volumen
0,75 l.
Alcohol
14,5 %
D.O.
D.O.P. Aylés

Contiene sulfitos So2

Notas de cata

Color púrpura intenso. Aromas de cereza ácida, pimienta negra, cedro y un toque de bacon. Textura sedosa, acidez equilibrada y final elegante y persistente.

Maridaje

Carnes rojas (ossobuco, magret de pato, albóndigas de ternera con cuscús de verduras).

Viticultura y vinificación

Unexpected Garnacha 2024 se elabora 100% con Garnacha procedente de viñedos de entre 60 y 80 años, situados entre 900 y 1000 m sobre el nivel del mar, trabajados en agricultura ecológica y orgánica, en un microclima continental extremo con grandes saltos térmicos día/noche. Predominan suelos arcilloso-calcáreos y pizarrosos con buena capacidad de retención de agua, y se aplica manejo de vegetación (toldo/cubierta) para equilibrar maduración. En bodega, se indica maceración prefermentativa en frío, fermentación en depósitos de acero inoxidable a temperatura controlada con levaduras indígenas y, posteriormente, una crianza de 6 meses en barrica de roble francés para afinar textura y sumar matiz especiado sin tapar la fruta.

Certificaciones, puntuaciones y premios

Ecológico. 91 puntos James Suckling. 90 puntos Wine Align.

Origen y tradición

Pago de Aylés es el único Vino de Pago de Aragón, una figura singular dentro del sistema español pensada para fincas concretas con normas más estrictas y personalidad propia (en todo el país hay apenas una veintena de pagos). Su origen está íntimamente ligado a la histórica Finca Aylés, documentada desde la Edad Media. El proyecto moderno arranca con la familia Ramón Reula en la década de 1980, cuando emprenden la reunificación de distintas propiedades que habían pertenecido a la finca original, hasta recomponer un conjunto de más de 3200 hectáreas, convirtiéndola en una de las mayores extensiones de Aragón. La zona ya aparece en documentos del siglo XII, cuando Alfonso II cedió estos terrenos a monjes cistercienses, considerados los primeros vendimiadores del paraje. Cinco siglos después, las tierras dejaron de estar en manos del clero, pero la vocación vitícola del lugar quedó marcada desde entonces.