Bodegas Franco-Españolas

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Bodegas Franco-Españolas abrió sus puertas en 1890 en Logroño, a orillas del Ebro y junto al Puente de Hierro. La firma nació cuando bodegueros franceses, desplazados por la filoxera, se instalaron en la ciudad y unieron su saber al de socios locales. De esa alianza entre dos países viene su nombre, que ha mantenido durante más de un siglo. La casa pertenece a la D.O.Ca. Rioja y conserva una sede histórica muy ligada a la ciudad. Por sus salas pasaron figuras como el rey Alfonso XIII o el escritor Ernest Hemingway.

El Tempranillo sostiene sus tintos clásicos, mientras que la Malvasía y la viura dan vida a blancos como el histórico Diamante. Su etiqueta Bordón, con primeras añadas en 1892, se ha convertido en emblema de la bodega, con versiones de crianza, reserva y gran reserva. El estilo riojano tradicional, de crianzas largas y perfil clásico, define buena parte de su catálogo. Sus bodegas subterráneas, con depósitos y barricas centenarios, forman parte de un recorrido que atrae cada año a decenas de miles de visitantes. A ese atractivo se suma una intensa agenda cultural que mantiene viva la bodega durante todo el año. Esa doble faceta, de vino y cultura, la ha convertido en parada habitual del enoturismo riojano.

¿Cuándo se fundó Franco-Españolas?

En 1890, en Logroño, a orillas del Ebro.

¿Por qué se llama así?

Por su origen, fruto de la unión de capital francés y español.

¿Cuáles son sus vinos más emblemáticos?

El tinto Bordón y el blanco Diamante, con añadas desde finales del siglo XIX.